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POEMA DE NOCHE
Allá fuera hay enemigos:
pequeños amagos aún no resueltos.
La oscuridad tiene una deuda
con la luz que se venera a sí misma.
Provocamos el silencio:
el desconcierto del universo omitido.
Cuando decimos la nada
estamos aliviando el dolor de todo
no hay peor consuelo
que una caricia ausente en una mano enemiga.
Se derriten en nosotros, aquí,
los significados de multitud de insignificancias.
Allá, lejos, se resuelve:
en la rivalidad augusta del fuego
con la noche obstinada
que en los muertos se inventa compañía.
Ha muerto la discordia:
ha muerto en mí una sombra censurada.
En el oleaje de noche
la paz navega en círculos.
Errática embustera,
prendiendo fuego a los nombres de las cosas.
Ha muerto la discordia,
ha muerto la discordia:
hágase el día sin remedio.
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